Las órdenes rápidas del decurión le llevaron de nuevo a su torre del noroeste. Flaco estaba exhausto, pero no tenía ninguna herida que lamentar. El sudor y la sangre seca se habían mezclado en su cara provocando la caída de un liquidillo oscuro sobre la boca que al saborear, le provocó una mueca de asco y una arcada. ¿Era ese el sabor de la muerte? Aprovechando aquella tensa calma, se acercó al río para beber y quitarse un poco aquella costra impura que el barro y la sangre seca formaban. El frescor agradable del agua despertó el dolor muscular de todo su cuerpo y le recordó que llevaba dos días sin dormir. Al regresar a su puesto, se sentó, apoyó la espalda contra la empalizada y sin poder hacer ni pensar nada más, le venció el agotamiento y cayó en un estado de inconsciencia momentánea que podríamos llamar sueño.
Per a contar i cantar... Somniar.... Riure, viure, estar a soles, ser lliure. Tindre l'ull preparat i la veu tremolant... Ponerme por sombrero el universo, por un sí o un no, batirme o hacer un verso. Despreciar con valor la gloria y la fortuna. Viajar con la imaginación a la luna. Sólo al que vale reconocer los méritos y no pagar jamás por favores pretéritos. Renunciar para siempre a cadenas y protocolo. Posiblemente no volar muy alto, pero solo. Cyrano de Bergerac.
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