viernes, 19 de junio de 2015

COSAS DE NIÑOS (relato histórico GANADOR del concurso categoría B)

Hoy publicamos el relato

GANADORA ABSOLUTA 
DE LA CATEGORÍA B
(RELATOS DEL PROYECTO THE WALL SOBRE LA GUERRA FRÍA) 

PATRICIA TÉLLEZ 
de 4t d'ESO B


COSAS DE NIÑOS

Harry
Harry tiene ocho años y es un niño travieso de segundo de primaria, repetidor y sin intención de estudiar; le encanta jugar. Joseph tiene ocho años también y es otro gamberrillo de segundo; más de lo mismo.

Todo comenzó un recreo de mayo. Si no recuerdo mal el día cuatro. Hacía calor y los pequeños de segundo se disponían a jugar. En la clase había dos grupos claramente diferenciados. Por una parte, Harry y sus amigos, que querían jugar a futbol; por otra, Joseph y los suyos, a los que no les gustaba nada el fútbol y preferían jugar a baloncesto. 

Tan solo había un campo y desde hacía unos meses se había pactado, entre ambos grupos, el uso que iban a hacer del único campo del que disponían en el recreo. Los acuerdos a los que llegaron eran sencillos, o al menos lo parecían, y era que cada semana se jugaría a un deporte, de manera que todos pudieran disfrutar, más o menos, del deporte que a ellos realmente les gustaba. 

Joseph
Bien, como he dicho antes este acuerdo parecía sencillo, mas no pasaron ni tres semanas cuando la “guerra” entre ambos grupos comenzó. Estaba claro que iba a haber disconformidades al poco tiempo de este pacto. Como vieron que esto no iba bien decidieron suprimir cualquier tipo de deporte que causase alguna pelea, por pequeña que fuera. Desde ese momento, tanto los niños de un grupo como los del otro dedicaron los ratos de patio a jugar con sus juguetes. Harry, por su parte, comenzó a traer durante repetidos días uno de sus juguetes preferidos que le había regalado su abuelo, su vieja peonza. Días después el pequeño Joseph, quien sabe si intencionadamente, se trajo la misma peonza, algo que a Harry no le hizo mucha gracia y que poco después no causaba más que disputas. 

Los demás niños contemplaban día tras día las amenazas entre ambos, pero no intervenían por el miedo a que pudieran actuar en su contra. Digamos que estaban con ellos un poco por conveniencia, para, al fin y al cabo, no salir ellos perjudicados. Además, tanto Harry como Joseph tenían algo que los demás no tenían, y era algo tan simple como la edad, lo que provocaba una sensación de respeto tremenda entre los “pequeños” del curso y por tanto podrían actuar si algo de lo que hacían los demás no les gustaba.

Pero bueno, todos los días lo mismo. Por una parte, Harry y Joseph en continua pelea por ver quién era mejor de los dos; por otra, los niños más pequeños sin saber qué hacer ante esto.



Pasaron semanas y esta “lucha” continuaba. Era tal la rabia que se tenían entre ellos que decidieron separar el patio en dos, distanciando así a los demás niños de sus amigos. Pero claro, estos no podían hacer nada. ¿Acaso querían también ellos intervenir en este conflicto? ¿Qué podría pasar? 

Joseph Stalin y Harry Truman
Los niños crecían y esa especie de muro que separaba ambas partes del campo no parecía que fuese a caerse nunca. Con el tiempo las amenazas fueron mayores y los juguetes ya no eran los causantes de estas discusiones. Ahora cada uno quería ser dueño del patio, liderar sobre el resto. Ambos niños, tanto Harry como Joseph tenían la fuerza suficiente como para enfrentarse al otro, mas no lo hacían por lo que pudiera venir después. Ya que un solo golpe podría desatar una de las peleas más peligrosas que jamás se hubiera vivido en el colegio. 

¡Qué curioso! ¿No os recuerda esto a los diferentes conflictos que se ocasionaron en la guerra fría por el simple hecho de constantes amenazas entre la URSS y EEUU? 

Bien, aquí podemos ver claramente como, de no ser por muchas amenazas a las que hemos estado y estamos sometidos en nuestro día a día, no actuaríamos de la manera de la que actuamos, es decir, en el caso de EEUU y la URSS no hubieran estado en constante pelea a causa de la posesión de armas nucleares, de "me la tiras te la tiro". Nada hubiera sido lo mismo, ni hubiéramos estado en peligro en muchas ocasiones.

En el caso de los niños, Harry y Joseph, no se hacía uso de armas nucleares, ni mucho menos, sino que a medida que crecían iban teniendo más fuerza, lo que suponía una mayor preparación por si se diera una pelea que llegase a las manos. Puede que parezca una tontería pero en muchas ocasiones surgen grandes problemas de cosas insignificantes. En el caso de los niños, problemas en el recreo, que llega a separar el patio en dos; en el caso de EEUU y la URSS, problemas respecto de las amenazas, disputas que llegaron a separar a Berlín en dos… ¿se parece no?


Muro de Berlín
Con esto quiero llegar a la conclusión de que por ambas partes, tanto la de los niños como las dos grandes potencias, han podido llegar en muchas ocasiones a problemas mayores, viniendo el primer conflicto por una tontería.

Al final el problema se solucionó con el paso de los años. Ambos se dieron cuenta de que esta disputa no podía durar para siempre. Por un momento se pararon a pensar, a observar en lo que el patio del colegio se había convertido. Decidieron entonces derribar la pequeña barrera que separaba ambos bandos, poniendo fin a estas “cosas de niños”



¿Quién me iba a decir que un simple juguete podría hacer tanto daño?



jueves, 18 de junio de 2015

¡OJO CON LOS BIGOTES! (relato histórico GANADOR del concurso categoría A)

Hoy publicamos el relato

GANADOR ABSOLUTO 

DE LA CATEGORÍA A
(RELATOS DE CUALQUIER ÉPOCA HISTÓRICA) de:

ANDREA BARBERÁ 
de 2n de BATXILLERAT



El seu títol és OJO CON LOS BIGOTES, una barretja entre Rebelió en la Granja i Jocs de la Fam.

Un relat molt orginal que repasa la Història d'Espanya des de 1968, la caiguda del règim franquiste i l'arribada de la democràcia amb uns peculiars protagonistes que cambiaran els temps i la vida dels espanyols amb la seua clau intervenció.

Una molt bona idea plasmada de forma molt dinàmica. Enhorabona Andrea.


 ¡OJO CON LOS BIGOTES! 


Franco cazando.
Monte del Pardo, 1968.

Un hombre bajito y  con bigote  caminaba indignado por el sendero.

Mientras, maldecía a toda España por las constantes reformas aperturistas que estaba sufriendo el país y por la creciente oposición de la sociedad.

Fruncía el ceño y apuntaba con su escopeta a una familia de ciervos que paseaban cerca de un riachuelo. “PAM PAM PAM” había matado a tres de ellos. La madre y sus crías corriendo asustadas se escondieron entre  la vegetación.

El hombre del bigote continuó por el sendero, se sentía mejor después de haber cazado esos ciervos, necesitaba desahogarse.

Continuó caminando cuando de repente vio unas perdices, que tampoco se le resistieron. Accidentalmente mató un jilguero que se cruzó delante de una de ellas: “Maldito pájaro” pensó. Por su culpa no pudo matar a la última perdiz.

Conforme avanzaba la mañana su cacería aumentaba.  Cuando por fin se dio por satisfecho decidió volver a casa con su grandioso botín. Hoy comería huevos rellenos, estaba feliz.

Monte del Pardo, una tarde de 1968.

Un jilguero volaba apresurado hacia el árbol más viejo del Monte del Pardo, donde cada semana los animales se reunían. 

Monte de El Pardo
El pájaro se apoyó en la rama más gruesa de aquella encina, frente a una gran multitud de furiosos animales que se quejaban  continuamente.

El jilguero, que era el más sabio, hizo un gorjeo peculiar mediante el cuál los animales sabían que debían guardar silencio y escuchar lo que el pájaro decía.

 Se aclaró la voz y comenzó el  mensaje revolucionario:

-Compañeros, yo conozco el porqué de vuestro alboroto. Y esto que ha ocurrido hoy ha sido la gota que colma el vaso. No podemos tolerar que los humanos vengan y hagan lo que quieran con nuestra casa, con nuestros habitantes.

Entre la jauría, una familia de ciervos se acercó al pájaro, todos lloraban, y dirigiéndose al animal más sabio del Monte del Pardo, interrumpieron entre sollozos:

-Hoy, nosotros hemos experimentado el horror, y el pánico del que hablas. Un hombre ha matado a parte de nuestra familia y nosotros hemos conseguido escapar.

El pájaro se indignó ante esta noticia:

-No podemos permitir que más de los nuestros tengan un final así. Nosotros no hemos hecho daño a nadie. No podemos quedarnos apáticos ante estas situaciones, no podemos asumirlas y conformarnos. Necesitamos hacernos respetar, necesitamos un cambio. ¡NECESITAMOS REVOLUCIÓN!

Todos los animales después de escuchar el testimonio de los ciervos, quedaron convencidos de que aquella idea de revolución era primordial, no podían vivir un día a día en peligro.

Pero de repente una culebra, que siempre le llevaba la contraria al pájaro,  intervino cortando la euforia desatada entre los animales:

-No hay duda de que sois unos ilusos…- silbó en tono burlón  y prosiguió - En el bosque somos muchos menos animales en comparación a los humanos que hay en el país.

-Serpiente- dijo el pájaro- tal vez tengas razón en ese aspecto, pero el plan que elaboré contesta todas tus preguntas.

Todos los animales escuchaban con atención.

-Bien, la revolución contra los humanos no será posible sin la ayuda del resto de compañeros.

-¿Pero qué estás diciendo? Si estamos aquí todos…- respondió escéptica la serpiente.

-No hablo solo de nosotros, debemos reunir a todos los animales de España: Pirineos, Parque de Cabárceno , Zoológico de Barcelona, Albufera, Picos de Europa, Canarias…

- ¿ Y a quién pensamos dirigir el ataque y cómo?- preguntó un conejo que se alejaba de la culebra hambrienta dando saltitos.

- A quién más ha intervenido en la desgracia del bosque, ya sabéis quién…- todos los animales sabían a quién se refería, y temblaban con solo pensar en  el nombre, pero el pájaro continuó- El hombre del bigote.

-¡Sigue contando!- interrumpieron unos pequeños petirrojos desde un nido.

-Nos organizaremos de la siguiente forma:  reptiles ,anfibios y mamíferos vosotros os encargaréis de propagar la revolución por los bosques de Madrid. Las aves nos desplazaremos por el país para reclutar más camaradas ¿De acuerdo?

Todos afirmaron y una vez dicho esto los animales se agruparon tal y como había dicho el pájaro. Mochuelos , petirrojos, urracas y muchas más aves emprendieron vuelo junto al jilguero. La revolución había comenzado.


Distrito de Salamanca, Madrid, 1969.

Carmen Polo 
Al abrirse la puerta de aquella boutique, una fragancia de  lavanda impregnaba a todas las exclusivas clientas que podían permitirse entrar a la tienda más lujosa de toda Madrid, entre ellas Carmen Polo. 

El dependiente las atendía con su mejor sonrisa y exquisita actitud. Desde luego estas mujeres,  eran la élite del país, muchas de ellas pertenecían al Opus Dei o estaban relacionadas con los sectores conservadores y esto debía reflejarse en su ropa.

Cuando el resto de mujeres vieron a entrar a Carmen, todas la halagaban. Carmen respondía educadamente hasta que por fin llegó su turno.

Los productos de la tienda eran de primera calidad, muchos de ellos importados de París , reforma aperturista que no parecía importarles a estas mujeres conservadoras, cuando se trataba de abrigos y bolsos de piel, joyería, y calzado exclusivo, ninguna ponía queja.

Algunas de estas señoras parecían una especie de animal mestizo. Pues casi todas poseían abrigos, calzados y bolsos de piel de diferentes animales.

Pero Carmen no se dirigía a comprar un producto de piel. Ella quería un nuevo collar de perlas, le fascinaban. Después de probar diferentes collares ante los constantes halagos de las clientas  como “Oh , está preciosa” o “Le favorece muchísimo”. Carmen contenta eligió uno de los collares y volvió a casa, antes de que su marido hubiera vuelto de sus asuntos laborales, para dar buen ejemplo de buena esposa, era su deber.

Esa mismo día de 1969, por la tarde, en el Palacio Real de El Pardo.

Carmen Polo había llegado hace horas a la espera de su marido quién apareció muy enfadado. El hombre del bigote, fruncía más el ceño que nunca mientras hacía constantes aspavientos y pagaba su enfado con la gente que le rodeaba.

Cuando consiguió calmarse, Carmen Polo consiguió conocer el motivo de su enfado.  Y es que  la empresa textil Matesa perteneciente al Opus Dei, sector fiel al régimen, había utilizado subvenciones de la dictadura para lucrarse ilícitamente. Y esto indignaba a Franco. Pues si los sectores inmovilistas desprestigian el régimen , este hecho alimentaría  la creciente oposición. Debía tomar medidas. El Opus Dei pagaría el precio de desprestigiar el franquismo. 

El hombre del bigote sentía que ya no podía confiar en nadie , además cada día recibía nuevas noticias de la oposición y del terrorismo. El caudillo sentía incertidumbre y temor por la situación española del futuro. 

Pero más temor debía sentir por la oposición que creía no tener, una oposición más salvaje que la religiosa, social y política, la oposición animal.

España a lo largo de la primera mitad de los años 70.

El pájaro junto a su ejército aéreo había estado durante los últimos años de los 60 reclutando animales en toda España.

Dehesa extremeña
En Canarias  reclutó a picapinos, lagartos y tortugas marinas que transmitirían el mensaje revolucionario por los mares españoles.

Después continuaron por las dehesas extremeñas dónde muchos cerdos se negaron a ser el plato de los españoles y se unieron a la revolución.

En los montes de Toledo , linces ibéricos mostraron simpatía hacia el jilguero y le cedieron su apoyo, prometiendo obrar como vigilantes.

En los Picos de Europa  hablaron con los lobos quiénes lideraban la cordillera y se mostraros leales a la revolución , propagando la noticia al resto de animales de los Picos de Europa. Esto mismo ocurrió con los osos pardos en Pirineos.

La revolución estaba siendo un éxito, y el ejército aéreo aumentaba con halcones, águilas , buitres, palomas urbanitas… Todos los animales eran bienvenidos.
Quedaba el litoral mediterráneo. En la albufera de valencia unos coll verds se ofrecieron para propagar la noticia a baleares.

Pero en el zoológico de Barcelona, es dónde el jilguero comenzó a sentirse nervioso a la hora de pronunciar su discurso. A pesar de haber hablado ya con leones de Cabárceno, el jilguero se sentía intimidado por el líder del zoológico de Barcelona, un gorila albino , llamado “Copito de nieve” por los humanos. Ya que todos los españoles le tenían especial cariño y muchos visitaban el zoo con el único objetivo de ver al gorila.

Este era el hecho que incomodaba al pájaro, pensar que el gorila podría estar encantado con el aprecio de los humanos y no querer unirse a la revolución. Pero para sorpresa del jilguero ese hecho era el que más incomodaba al gorila, pues no le gustaba sentirse como un animal de feria, siendo la atracción de bobos que aporrean su cristal día a día intentando llamar su atención.

El jilguero había conseguido la aprobación del gorila y con ello podían ejecutar la ansiada revolución.

Monte del Pardo, 1975.

Los animales estaban exultantes. Los planes del pájaro estaban funcionando y cada vez había menos caza  en el monte. Estaban dando su merecido a los humanos. Después de varios ataques a aquellos hombres que habían matado animales por ocio , el monte del pardo se volvió un bosque misterioso para los cazadores, pues ya empezaba a rumorearse que aquel que iba a cazar a ese bosque , volvería más perjudicado que sus propias presas. Por lo que durante unos años la caza descendió. Y mientras los animales celebraban este hecho cantando y bailando , de repente escucharon un  peculiar gorjeo que provenía de la encina más vieja. Todos los animales debían reunirse.

El jilguero comenzó a hablar una vez todos los animales llegaron al punto de encuentro:

-Camaradas, es hora de dar el ataque definitivo , casi lo hemos conseguido.

-¿A qué te refieres?- preguntó un ratoncito con timidez, pues no solía intervenir en los discursos, pero esta situación le provocó la necesaria sorpresa como para interrumpir.

- Sé que os extraña que os convoque de esta forma, pero aunque parezca que la situación esté más tranquila, no hemos completado nuestro objetivo-el pájaro se aclaró la voz y prosiguió- Es cierto que hemos ejecutado diversos ataques, como a los cazadores que se dignaban a entrar en el monte ,o como a las señoras de los abrigos de piel que caminaban por la ciudad, gracias a la ayuda de las palomas. Pero no hemos dirigido ningún ataque a quién originó nuestra sublevación.

- ¿Y cómo pensamos dirigirnos hacia el señor del bigote? Siempre está protegido allá dónde va, excepto cuando va  al baño- silbó irónica la culebra.

- Tú misma lo has dicho.- respondió con firmeza el jilguero.

- ¿Y qué piensas volar hasta su ventana y entrar mientras el hombre está haciendo sus necesidades?- se burló la culebra contagiando su risa a otros animales.

- No yo no, tú.

-¿YOOO?, pero si solo puedo reptar por el suelo. 

- Por eso mismo. Entraras por las tuberías hasta su retrete. Las palomas han estado observando al hombre varias semanas y siempre va después de comer a la misma hora a hacer sus necesidades.

- ¡ME NIEGO ROTUNDAMENTE!

-Se trata de asustarlo. Esta es la propuesta y vamos a votarla, si los animales la aceptan, deberás hacerlo.

-¿Y si no lo hago?

-Serás expulsada del bosque. Además si lo haces tendrás una recompensa de alimento.
Los animales comenzaron a votar. Pezuñas, patas y garras se alzaron a favor de la operación propuesta. Al día siguiente la culebra llevaría a cabo la misión.


15 de octubre de 1975,  Palacio Real de El Pardo.

La salud del dictador y con ello el régimen franquista, se debilitaban por momentos. Por suerte, aquel día tenía para comer cocido, su comida favorita. Esta noticia le alegraba el día.

Después de comer el mejor cocido madrileño del país, sintió unos retortijones. Hora de ir al baño.

15 de octubre, en unas tuberías del Palacio Real de El Pardo.

La culebra no se podría creer que había aceptado hacer aquello. Siempre le tocaba la peor parte. “El pájaro siempre se sale con la suya” refunfuñaba.

Ella lo hacía por el alimento, era pequeña pero siempre tenía hambre. La comida era su punto débil.

La serpiente esperó unos segundos a que la tapa del retrete se abriera. Mientras tanto ensayaba sus mejores caras para asustar. De repente se hizo la luz. La tapa se levantó y la serpiente fue lo bastante rápida como para sacar la cabeza y expresar una faz de espanto, enseñando sus afilados colmillos y mirando fijamente al dictador. Este pegó un chillido y un respingo, acompañado de una cara de susto. Era el mayor sobresalto que había tenido en su vida, pues tenía pánico a las serpientes.

La culebra  fue lo bastante rápida como para volver a las tuberías y adentrarse en ellas  hasta llegar al monte. Misión completada con éxito.


Franco moribundo
15 de octubre de 1975,  Palacio Real de El Pardo.

Un  grito desgarrador proveniente del aseo sorprendió a los guardias. Era el caudillo. Rápidamente corrieron al segundo piso, llamaron al generalísimo desde el pasillo sin éxito ,no respondía. 

Decidieron entrar al baño cuando encontraron al dictador sufriendo un ataque cardíaco.

Esa misma tarde lo ingresaron en el hospital.

España entre 1975 y 1980.

Después del ingreso de Franco en el hospital, prosiguieron los meses más agonizantes de la vida del dictador hasta su muerte el 20 de noviembre de 1975.  El plan de los animales que a primera vista fue un inocente intento de asustar al caudillo, había conseguido terminar con la vida del hombre del bigote que tanto iba a cazar al Monte del Pardo.

Durante estos años la situación política de España sufrió un proceso de transición , dónde gradualmente las clases medias fueron tomando voz y voto, clases sociales que no tenían dinero suficiente para la caza. Por lo que esta actividad descendió respecto a las décadas anteriores.

Por lo que aunque los animales continuaban ejecutando misiones, no lo hacían con tanta frecuencia.
Muchos de estos animales transmitieron a posteriores generaciones el mensaje revolucionario que divulgó el pájaro en 1968. De esta forma mantendrían la lucha animal.

Pero hasta 1980 no llegó la planificación de su mayor ofensiva.

El jilguero a pesar de haber envejecido,  continuaba poseyendo la gran capacidad de liderazgo que le caracterizaba, y su sabiduría aumentaba con los años. 

En el mes de diciembre unos caballos del ejército  español se presentaron en el Monte del Pardo con una noticia que inquietaría a los animales.

Un caballo negro con una mancha blanca en la frente se dirigió al jilguero ante la mirada atenta de unas perdices que caminaban por allí:

-Camarada, sabemos de su revolución y sería un placer para nosotros formar parte de ella.

-Gracias por vuestro interés, sois bienvenidos todo tipo de animales- dijo el jilguero mientras observaba que los caballos llevaban una montura del ejército.

 Los caballos ,que tenían una gran educación, continuaron:

- Como puede usted percibir, somos caballos del ejército y por ello estamos aquí. Hemos escuchado estos meses las pretensiones de los humanos militares y no tienen buenas intenciones.

-¿A qué os referís? – intervino la culebra, que se había convertido en la mano derecha del pájaro después de la operación ejecutada en el baño de Franco.

    -Pretenden instaurar de nuevo un régimen dictatorial dando un golpe de estado, el 23 de febrero del próximo año. Por lo que las clases fascistas y  altas poseerían de nuevo el poder. En consecuencia incrementaría la compra de armas, abrigos de piel, entre otros productos perjudiciales que solo las élites económicas se pueden permitir.

-Y gracias a vuestra información podremos intervenir- respondió el jilguero haciendo un gesto de agradecimiento con la cabeza- Necesito que continuéis informándome del  futuro golpe de estado  durante estos meses, para poder llevar cabo una planificación.

Perdices
-¿Estáis locos?- interrumpió la madre de las perdices que no había dejado de escuchar disimuladamente desde que aparecieron los caballos- Los militares van armados. Siempre hemos dirigido ofensivas hacia humanos que no iban armados, los   pillábamos desprevenidos. No voy a poner en riesgo a mis hijos.

-Si no impedimos el golpe de estado, el resto de humanos no  lo harán , será demasiado tarde . Ellos no tienen la ventaja de saber esta noticia. Podemos planificar suficientemente bien la ofensiva. Además , si el golpe de estado tiene éxito, volveremos a la situación inicial. Debemos hacer el último esfuerzo.

Este argumento convenció a la perdiz, si sus hijos no morían ahora lo harían más tarde si el golpe de estado tenía éxito.

 Después de unos gorjeos repetitivos, el jilguero dio por terminada la charla y los caballos espía volvieron al ejército español en busca de nueva información. 

Establos del ejército de caballería a principios de febrero de 1981.

Un caballo negro con una mancha blanca en la frente discutía frenéticamente con un caballo color canela que había en el establo contiguo:

-Llevamos investigando semanas y no tenemos nueva información. No se podrá a llevar a cabo la misión del pájaro- dijo el caballo color canela con una expresión decaída.

- No debemos rendirnos, nos queda  casi un mes, pueden cambiar las cosas en cualquier momento- Respondió el caballo negro.

De repente escucharon pasos, algún humano se acercaba. Ambos caballos giraron el cuello hacia la ventanita principal de su establo y para cuando los dos hombres se habían acercado los animales fingían mascar heno.

Uno de ellos era el jefe del ejército de caballería pero al otro hombre no lo conocían. Llevaba un sombrero propio de la guardia civil, pero lo que más llamaba la  atención de su rostro era un enorme bigote. 

La conversación de los hombres fue clave para la misión del pájaro.

Después de acariciar a algunos caballos los hombres se fueron.

Los animales habían escuchado toda la conversación, y se habían quedado con la cara del guardia civil. Pronto visitarían al jilguero.

Monte del Pardo,  una noche de febrero de 1981.

Un galope se escuchaba cada vez más próximo a la vieja encina. Los animales nerviosos estaban reunidos esperando a la llegada de los caballos. 

Jilguero
El jilguero ya conocía la información pues se había reunido con ellos una semana antes para poder planificar con antelación la ofensiva. Hoy los caballos y el jilguero anunciarían la estrategia al resto de animales.

Por fin llegaron los animales del ejército. Después de una reverencia al pájaro y un gesto de saludo con la cabeza al resto de animales, el jilguero inició su peculiar gorjeo y comenzó a hablar:

- Buenos noches camaradas,  como bien sabéis mañana es 23 de febrero. El día de la ofensiva decisiva en nuestra lucha animal. Debo decir que estoy muy orgulloso de lo que hemos conseguido y mañana será el último esfuerzo , la última hazaña por la que nos recordaran las próximas generaciones. Gracias a vosotros.

-Gracias a ti también pájaro- respondió la culebra junto a otros animales.

Congreso de los Diputados en Madrid
-Bien, ahora que estamos todos- dijo el jilguero mirando a los caballos- debemos explicaros lo siguiente: el plan que tienen los humanos es irrumpir en el Congreso de los Diputados en Madrid, a tiroteos y expandir un golpe de estado por toda España. Están planificados en diferentes ciudades de forma clandestina, lo que sorprenderá y asustará a los ciudadanos españoles. Lo que no saben es que nosotros en función de su planificación hemos distribuido a nuestros animales en la península y archipiélagos.

-¿Congreso de qué?- respondió un erizo, que aunque no era tan inteligente como los caballos o el jilguero, resolvió la duda del resto de animales con esa pregunta pues casi ninguno conocía el Congreso de los diputados.

-El Congreso de los diputados es un importante edificio de la capital. Lo reconoceréis porque tiene dos leones fuera.

Después de esta aclaración, los animales quedaron satisfechos, todos sabían qué eran dos leones.

El pájaro continuó:

Nos desplazaremos a la ciudad esta misma noche para pasar desapercibidos. Los animales callejeros de Madrid nos darán cobijo y escondites. 

Antonio Tejero
El hombre al que va dirigido fundamentalmente este ataque es Antonio Tejero, un guardia civil que lidera el golpe de Estado- intentó explicar el caballo negro.

Pero el jilguero se dio cuenta de la expresión confusa que esbozaron los animales. Así que  describió a este hombre para que lo pudieran reconocer con facilidad.

-Es un hombre con un gran bigote. Más grande que el del famoso “hombre del bigote” que todos conocíais.

Los animales asentían todos a la vez. Así todo lo tenían mucho más claro. Lo llamarían “El hombre del bigote , pero más grande”, aunque el apodo era un poco largo, lo recordaban con facilidad.

El jilguero continuó explicando hasta asegurarse de resolver todas las dudas. Finalmente partieron a la ciudad.


Congreso de los diputados, sesión de investidura de Calvo Sotelo, 23 de febrero de 1981.

-¡QUIETO TODO EL MUNDO! – interrumpió un hombre armado, con un bigote muy grande .

En ese mismo momento Antonio Tejero disparó diversos tiros sin una dirección establecida. Cuando por accidente uno de ellos se dirigió hacia Felipe González, uno de los integrantes de la sala. Ese tiro habría acabado con su vida si no hubiera sido por un inusual jilguero que  avanzó a través de una ventana al escuchar el grito de Tejero. El animal impidió que muriese Felipe González, muriendo él mismo atravesado por la bala.

Tejero en el Congreso el 23-F


Valencia , 23 de febrero de 1981.

Milans del Bosch desplegó numerosos  tanques por las calles de la ciudad.  A su vez, palomas, garzas, colls verds y otros animales de la albufera se abalanzaron contra los militares.

Esto mismo ocurrió en otras ciudades de España,  que aunque fracasaba  el golpe de Estado militar, la última ofensiva animal era un éxito. Llevando a cabo lo que su líder siempre había deseado como homenaje al pájaro caído.

Los tanques en las calles de Valencia el 23-F


Elecciones generales de 1982.

Ganador, Felipe González.  Y por mayoría. Era feliz y era el presidente del gobierno. Estaba agradecido a  la vida  por esta oportunidad y haría de su gobierno el mejor de la España democrática.

Pero no era la vida la que le dio esta oportunidad, sino un pequeño animal, cuyo gorjeo nunca consiguieron silenciar.

Felipe González jura su cargo de Presidente del Gobierno ante
el rey Juan Carlos I en 1982


miércoles, 17 de junio de 2015

LA INOCENCIA INDUCIDA (relato histórico SUBCAMPEÓN -ex aequo- del concurso en categoría B)

Hoy publicamos el relato que fue galardonado con el SEGUNDO PREMIO ex aequo de la categoria B (los relatos relacionados con el proyecto sobre la Guerra Fría que hemos desarrollado este año y que llevaba por título THE WALL)

Su autor es ALEX ORTIZ, de 1º de bachillerato, aL que quiero agradecer que me haya permitido publicar el relato en el blog. Espero que disfrutéis de la lectura del relato de ALEX. Aquí está la reseña breve y a continuación el relato:

El relat titolat La inocencia inducida té una cuidada prosa que ens va sorprendre. Paraules apropiades, varietat de vocabulari, ritme mesurat i calculat... Un molt bon treball que de segur farà disfrutar als amants de les paraules. Un relat ambientat al Niger, amb la Guerra Freda de trasfons on hi ha un joc d'interessos per aconseguir el preciat urani en un moment de carrera armamentística clau per a la Història. Un tema original, ben escrit i molt ben platejat. Enhorabona Alex.

LA INOCENCIA INDUCIDA

El avión de la compañía Royal Air Maroc proseguía su descenso cuando Yuri se acercó a la ventanilla y vio las primeras imágenes del aeropuerto de Niamey. Había leído mucho sobre Níger en las últimas semanas en su habitación de la base de Nueva Zembla en el ártico a las órdenes del célebre General Kudryavtsev. 

Yuri no era militar, al contrario, siempre había pensado que las guerras nunca solucionan los conflictos sino que los empeoran. Pero él era ruso y, en la Unión Soviética, uno no elegía a qué se dedicaba. 

Había sido seleccionado para trabajar en el programa de pruebas nucleares porque había obtenido las mejores calificaciones en la universidad y su tesis de fin de carrera sobre las posibilidades del uranio enriquecido había recibido elogios del propio rector y, lo que es más importante, del representante del PCUS. Por ello, había comenzado en la agencia hace seis años, justo tras acabar la carrera y los comienzos no fueron nada fáciles. De hecho, si no hubiera sido por su jefe directo, el doctor Sergei Romenko, probablemente habría terminado en un Gulag por culpa de su espíritu crítico y su carácter rebelde e irreverente. 

Admiraba enormemente a Sergei, un científico del máximo nivel y no un burócrata como muchos de sus compañeros. Sergei le acogió con los brazos abiertos y había aprendido mucho de él en estos años sobre técnicas de determinación de la calidad del uranio. Sergei era físico, como él; pero además era un reconocido geólogo y una persona con gran experiencia internacional. Hablaba ruso, alemán e inglés, como el propio Yuri, pero también francés, español y otras cuantas lenguas que había aprendido cuando era joven, acompañando a su padre, diplomático y miembro destacado del PCUS, por medio mundo. 

Yacimientos de Arlit
Tal era su consideración que no dudó cuando Sergei le propuso viajar juntos a Níger para una misión delicada. Tenían que llevar a cabo unas pruebas sobre un tipo de uranio que se extraía en los yacimientos de Arlit, al norte del país. Las informaciones preliminares hablaban de la posibilidad de que este material tuviera unas propiedades que le harían inigualable. A Yuri no se le escapaba que, de ser así, la Unión Soviética haría todo lo posible para hacerse con el control de estos yacimientos, lo que le daría una buena ventaja frente al “enemigo imperialista”. 

De hecho, era en eso en lo único que Yuri no coincidía con Sergei. Yuri, no creía que hubiera un “enemigo” y en más de una ocasión había sido criticado por su carácter tolerante y pacifista. Sergei a sus cincuenta años, mostraba continuamente su resentimiento hacia los americanos y hacia el capitalismo como si fuera un joven radical. Yuri pensaba la virulencia política de su jefe se debía a que había crecido en un ambiente acomodado gracias a la posición de su padre y no en un mísero apartamento del extrarradio de Moscú como él.

Ahora ambos estaban aterrizando en Niamey provistos de pasaportes de la República Democrática Alemana. Sergei la había explicado que era mejor que no se identificaran como soviéticos. El mismísimo General Semichastny, reciente director de la KGB, les había recibido en su despacho y les había habado de la importancia de su misión. Les había explicado que el momento era complicado y que todavía lo sería más; sus últimas palabras aún resonaban en su cabeza: La URSS cuenta con vosotros. 

Yuri no alcanzaba a comprender por qué se había metido en aquel lío. Nunca había sido un joven valiente, ni tan siquiera le gustaba viajar. Él era feliz entre sus libros y en su laboratorio. Allí era donde encontraba la paz y donde podía olvidarse de las penurias de su niñez. Tampoco lo hacía por convicciones ideológicas, ni mucho menos. Era mucho más simple: no tuvo valor para decir no a su jefe. Sergei le había contado que los protocolos de seguridad de la KGB obligaban a que este tipo de misiones siempre fueran realizadas por al menos dos personas y que por eso había pensado en él.

El calor era sofocante en esa noche de octubre. La aparente tranquilidad desapareció tan pronto llegaron a la terminal del aeropuerto. Todo era caótico, gente que iba de un lado para otro alzando la voz, personas que intentaban colarse en el control de acceso, policías tumbados en el suelo y empleados que se peleaban por recoger las maletas de los viajeros. Nada que le recordara a su país, donde todo estaba tan tristemente planificado.

Al salir de la terminal, un taxista local les condujo al Hotel Sahel, en el que tenían reservadas dos habitaciones. Pese a lo avanzado de la noche, todos los establecimientos estaban abiertos y había mucha gente en la calle. Seguramente aprovechaban las horas nocturnas en las que las temperaturas descendían.

El hotel Sahel
Tras dejar sus maletas, Sergei vino a buscarle para bajar a la cafetería. Se sentaron y aunque era ya muy tarde, pudieron saborear un magnífico té con menta. Al cabo de unos minutos, un hombre de unos 50 años, de tez morena, con el pelo rizado y vestido con una túnica blanca, se sentó junto a ellos. Sergei no se alteró; de hecho, debía estar esperando que algo así sucediese.

Buenas noches - saludó el desconocido en alemán- Les aconsejo que usen repelente de mosquitos. Pero no lo compren en la farmacia que hay enfrente. Allí venden productos de contrabando –continuó el recién llegado.

Gracias, sólo utilizamos la marca Relec -respondió Sergei en la misma lengua.

A partir de ese momento, el tono de la conversación cambió. Se trataba sin duda de una especie de contraseña mutua prefijada, intuyó Yuri.

El visitante, que se identificó como Louis, les contó que trabajaba para una empresa egipcia implicada en labores logísticas de los yacimientos y que en un par de días les conduciría en helicóptero hasta las minas donde se harían pasar por técnicos de su empresa y tendrían acceso a muestras del material que se extraía y a un laboratorio perfectamente equipado. La visita no les daba derecho a pernoctar en las minas y las muestras no podían salir de las instalaciones mineras porque el ejército nigerino controlaba rigurosamente todo lo que entraba y salía del lugar.

Yuri sintió la presión de tener que hacer todo su trabajo en apenas una jornada pero comprendió que no podía ser de otro modo. Dio por seguro que el mero hecho de haber conseguido la colaboración de Louis era el fruto de un trabajo nada fácil de sus servicios de inteligencia y que no volverían a tener otra oportunidad.

Cuando Louis abandonó la cafetería pasaban ya de las cuatro de la madrugada. Tendrían toda la jornada libre para ellos y se volverían a citar a las cinco de la madrugada de día siguiente en el hotel para su viaje a las minas.

Espectrómetro
Yuri se acostó pero no podía conciliar el sueño. ¿Sería por el cansancio del viaje? ¿Por la tensión de la situación? De pronto cayó en la cuenta. Había algo que fallaba en lo planteado por Louis. Para poder determinar en tan pocas horas la riqueza del material, necesitarían un espectrómetro de alta resolución de un modelo del que solo se dispone en el ejército soviético o seguramente también en el norteamericano. Hasta él sabía que era imposible que ese instrumento pudiera encontrarse en una instalación civil. No se trataba de un aparato voluminoso y se podía dividir por partes de forma que entrase en una bolsa de viaje. No comprendía por qué no habían traído uno con ellos.

Nada más encontrarse para el desayuno presentó sus dudas a su compañero quien no pudo evitar una sonrisa.

-¿Te gusta la artesanía? – se limitó a decirle.

“Marché capital” de Niamey
Se levantaron y tomaron un taxi para dirigirse al “Marché capital” de Niamey. Descendieron y pasearon entre sus tenderetes. Entraron en varias tiendas y regatearon el precio de algunas pequeñas piezas de plata y de madera. No habían comprado gran cosa cuando se adentraron en una tienda dirigida por un anciano de raza “bambara” que dijo llamarse Kone. Les mostró bellas máscaras y estatuas de camellos y elefantes, pero a Sergei no le gustaron. Le dijo que buscaba algo único y singular porque él había vivido de joven en Níger y buscaba algo que le recordara una colección de piezas que había en casa de sus padres en esa época. Se trataba de tres figuras de monos: uno que se tapaba la boca, otro lo ojos y el tercero la boca, pero con la particularidad de que en todas ellas, la mano derecha tenía un dedo de color rojo. El anciano le dijo que estaba de suerte y que tenía una colección así en el almacén. Sergei pagó sin regatear y llamaron a un taxi que les condujo al hotel.

-No sabía que habías vivido en Níger – dijo Yuri ya en el taxi con reproche.

-Hay muchas cosas que no sabes de mí – respondió cortante Sergei.

Al llegar al hotel, fueron juntos a la habitación de Sergei. Aplicando una pequeña llave que Sergei había comprado en otra tienda, éste hizo que las figuras de los tres monos se abrieran y dijo:

Ahí tienes tu espectrómetro LT-46. Es igual al que usas en la base. Vuelve a cerrar las figuras. Nos vamos a comer – Ordenó con aire satisfecho ante la sorpresa de Yuri. 

Antes de salir, le explicó que jamás hubieran podido pasar ese material por el aeropuerto, pero que los servicios soviéticos ya habían pensado en ello. A Yuri le molestó la alusión de su jefe a la magnificencia de su país, pero tuvo que reconocer que al menos en esta ocasión tenía razón.

Calles de Niger
Sergei indicó al taxista una dirección en perfecto francés. Durante el trayecto tuvieron tiempo de comprobar la pobreza de la gente de Níger, la ausencia de electricidad y agua, la suciedad en la calle. Yuri tuvo que reconocer que al menos en la URSS las necesidades básicas estaban cubiertas. Sergei le contó que había vivido en Niamey durante cuatro años, cuando era colonia francesa, porque su padre estuvo destinado en la embajada soviética. Estaban en 1962 y de aquello habían pasado quince años, pero Sergei había hecho grandes amigos en aquella época y ahora iban a comer a casa de uno de ellos.
Llegaron a una zona apartada del centro y se detuvieron frente a una vivienda de apariencia acomodada aunque no opulenta. Un hombre de edad similar a Sergei salió a recibirles a la puerta.
Ambos se fundieron en un profundo abrazo y Yuri pudo comprobar lo sincera que era su amistad. Seguramente llevaban muchos años sin verse, pero eso no había hecho sino aumentar las ganas de rencontrase.

Mahamadou Denna
-Éste es Mahamadou Denna– dijo Sergei señalando a un hombre que tendría su misma edad - es para mí como un hermano –continuó. Su familia es una de las más antiguas del país y es uno de los referentes de su clan, uno de los más significados de la etnia haussa. Pero no pienses que es un hombre rico que explota a su pueblo; al contrario, es respetado y querido por todos. Lo que no entiendo es porque no se dedica a la política.

-Encantado – dijo estrechando la mano de Yuri. No hagas caso de todo lo que dice Sergei. En cuanto a la política, ni lo pienses; detestó todas esas mentiras y manipulaciones.

La comida consistió en unos suculentos dátiles con crema y un mesui de cordero y los tres la degustaron sentados en el suelo. La conversación trató principalmente sobre recuerdos mutuos y Yuri se perdió una buena parte de ella porque ambos hablaban a menudo en francés aunque, cuando se daban cuenta o se dirigían expresamente a Yuri, lo hacían en inglés.

Presidente Hamani
Mahamadou les explicó cómo tras la independencia de Francia, dos años atrás, la situación política de su país era inestable. El Presidente Hamani intentaba controlar una sociedad tribal pero el equilibrio era complicado. Seguía bien relacionado con los franceses, pero no quería tomar partido ni por occidente ni por el bloque soviético. Por esa razón, sólo permitía que empresas árabes explotaran el potencial minero del país.

Las sequías eran frecuentes y la gente vivía con dificultades pero el gran temor de la población era que se produjese una guerra civil. Mahamadou sabía que la mejor baza de su país era la riqueza de su subsuelo y confiaba que repercutiera, aunque fuera poco a poco, en el bienestar de su pueblo.

Cuando parecía que la velada tocaba a su fin, Mahamadou espetó bruscamente:

-Sé a qué habéis venido a mi país.

-¿A qué crees que hemos venido? – reaccionó Sergei con frialdad mientras Yuri contenía a duras penas un grito de pavor.

-A comprobar si a tu país le interesa el uranio que los egipcios están extrayendo de Arlit – afirmó mirando fijamente a los ojos de Sergei – No me contestes, por favor; prefiero un silencio a una mentira- prosiguió. Lo único que te pido es que consideres las consecuencias de tu decisión. Si la URSS se interesa por ese uranio, no dudará en fomentar  un “movimiento de liberación nacional” como habéis hecho en otros lugares. Los americanos responderán y la guerra civil será inevitable. Níger quedará dividido y arrasado como Corea. Mi gente moriría y los que sobrevivan, tardaran décadas en recuperarse de la devastación.

El silencio se hizo atronador. Yuri sabía que Mahamadou estaba en lo cierto, pero lógicamente no se atrevió a abrir la boca. Esperó a que su jefe respondiera…. Pero no lo hizo; optó por hacer oídos sordos y cambiar de tema para, pocos minutos más tarde, anunciar que debían partir.

Durante el trayecto de regreso al Hotel, Sergei no dijo palabra. Yuri por su parte no paraba de mirar a los niños jugando en la calle y de pensar en el futuro que les esperaba si estallaba una revolución. Yuri se sintió sobrecogido por la responsabilidad que se le venía encima.

Esa noche, cenando en la cafetería del Hotel, Sergei aparentaba estar más animado y no hizo más referencia a lo sucedido en casa de Mahamadou que un simple “olvídalo”. Cuando estaban a punto de finalizar, algo de lo que sucedía en la sala les llamó la atención. Los clientes se agolpaban sobre una pequeña televisión en la que el presentador de un noticiero hablaba con aire preocupado de un incidente que acabada de suceder entre los Estados Unidos y la Unión Soviética a raíz del descubrimiento de la intención soviética de instalar misiles nucleares en Cuba.

General Semichastny
-Así que a eso se refería el General Semichastny  cuando anunciaba tiempos difíciles -murmuró en voz baja Sergei - Esta vez me parece que la hemos cagado. Los americanos nunca consentirán esos misiles tan cerca de sus costas.

-¿Tú crees que no se arreglarán? – preguntó incrédulo Yuri – Nadie está tan loco como para iniciar una guerra que destruya el mundo entero.

-Yo no estaría tan convencido amigo mío. Esto va a ser cuestión de horas o de días. De todos modos, Níger no es un mal lugar para morir contemplando como una gran nube radioactiva arrasa todo lo que encuentra.

Yuri comprendió la gravedad de la situación, los americanos habían iniciado un bloqueo naval de la isla con el visto bueno de sus aliados. La tensión era máxima y cualquier gesto podía desencadenar la hecatombe nuclear y el fin de la humanidad. Hasta ese momento, los enfrentamientos entre ambas superpotencias se habían producido de forma menos directa: Corea, Berlín… Pero ahora estaban en presencia de un ultimátum. El Presidente Kennedy parecía dispuesto a llegar hasta el final y el Presidente Kruschev no era un hombre que se anduviera con ñoñerías.

Se le quitaron las ganas de más charla. Además ambos tenían que madrugar al día siguiente para cumplir su misión. Louis vino a recogerles con un coche de su compañía y les trasladó al aeropuerto donde tomaron un helicóptero privado. La tensión era patente, nadie habló durante los tres cuartos de hora de vuelo. Tomaron tierra dentro de las instalaciones de la empresa egipcia que explotaba las minas. De inmediato fueron conducidos a un control de seguridad del ejército nigerino.

El control de entrada fue superficial y a nadie extrañó que unos técnicos alemanes llevaran consigo algo de artesanía local entre su equipaje. No cabía duda de que el control a la salida sería mucho más exhaustivo.

Mineral de uranio
Louis les llevó hasta un laboratorio moderno y les dejó solos durante unos treinta minutos, el tiempo justo para que pudieran ensamblar las piezas del espectrómetro de precisión que habían traído camuflado. Cuando Louis regresó con un trozó de mineral de aproximadamente doscientos gramos de peso, Sergei le ordenó abandonar el laboratorio y lo emplazó para tres horas más tarde.

Yuri sentía como su corazón se paralizaba y la sangre se le helaba en las venas pese al sofocante calor de la sala. Pero era el momento de trabajar y se dispuso a hacerlo conforme al plan que ya habían establecido previamente. Pero Sergei cambió el programa previsto y comenzó a improvisar. Encomendó a Yuri las tareas más simples y lo relegó a un segundo plano. 

Al principio, Yuri pensó que era la vanidad de Sergei la que le llevaba a asumir el trabajo importante pero, poco a poco, se dio cuenta de que simplemente le estaba apartando de la posibilidad de conocer de primera mano el resultado de las pruebas. Yuri se rebeló.

-Eso no es lo que estaba previsto. Si seguimos así, no podré  participar en el dictamen – se atrevió a decir.

-Tú limítate a obedecer –contestó tajante Sergei

Y así fue. El tiempo pasó y las pruebas finalizaron, pero solo Sergei había podido conocer si el uranio tenía la calidad esperada o únicamente se trataba de un material más o menos estándar.

Sergei encargó a Yuri que desmontase y destruyese el espectrómetro introduciéndolo en un horno. Poco después regresó Louis llevándose el trozo de material que habían utilizado para devolverlo a su ubicación habitual antes de que nadie descubriera lo que había pasado.

Minutos más tarde estaban de regreso en el helicóptero. Habían pasado el control de seguridad sin problemas. No se llevaban nada de la mina y las anotaciones de Sergei en su bloc eran indescifrables para los soldados. Eran ya las seis de la tarde cuando tomaron tierra en la capital y desde allí al hotel para tomar una rápida ducha y prepararse para el vuelo que les alejaría de Níger en pocas horas. 

Justo cuando descendían de las habitaciones encontraron a Mahamadou que visiblemente apenado se había acercado para decir adiós a su amigo de la infancia. Se fundieron en un abrazo conmovedor durante minutos que parecieron horas y se despidieron con una sonrisa.

Yuri no pudo ver las notas de Sergei. Durante el vuelo hasta Casablanca, Sergei le intentó convencer de que era mejor que no supiera la realidad y que en el informe oficial figuraría que el uranio de las minas de Arlit no tenía especial interés. Yuri solo tendría que corroborar ese resultado delante del General  Semichastny.

-¿Pero, qué voy a responder cuando me pregunte sobre los resultados? – preguntó- yo en realidad no sé lo que ha pasado.

-Lo mejor para todos es que le digas que yo dirigí las pruebas y que, según tú, los resultados son lo que figuran en el informe. No hace falta que le cuentes los detalles, ni que le hables de Mahamadou- le aconsejó Sergei.

-Ya, pero seguro que me obliga que me pronuncie expresamente sobre si mi opinión coincide con la tuya. Tendré que decirle que sí o que no….

-Esa será tu decisión… tú verás lo que debes hacer.

Sede de la KGB en Moscú.
Nada más aterrizar en Moscú, fueron conducidos a presencia del todopoderoso jefe de la KGB. Todo el mundo corría por los despachos; la tensión por la crisis de los misiles era patente. Aun así, el General les dedicó unos minutos. 

Primero entró Sergei que, como jefe de la misión, hizo entrega del informe. Su entrevista duró pocos minutos. Luego entró Yuri. Las primeras preguntas fueron protocolarias, pero enseguida entró en materia.

-¿Está usted de acuerdo con el contenido del informe? -preguntó.

-Así es.- fue su escueta respuesta.

-Sabe usted que nuestros protocolos de seguridad obligan a que las misiones estén integradas por dos científicos para tener dos puntos de vista independientes. Según su propia opinión personal ¿el uranio de Arllit tiene algo de especial?

-Nada que le haga diferente del resto. Estoy seguro de ello. Las pruebas han sido concluyentes. – afirmó categórico.

-Entonces, la Unión Soviética le agradece su trabajo aunque no puedo negarle que estoy un poco desencantado. Habíamos depositado nuestras esperanzas en ese material para decantar la balanza de esta “guerra tan peculiar” a nuestro favor –concluyó.

-Yo también lo siento, mi General.- mintió Yuri.

La víspera de la entrevista había sido muy dura para Yuri. La pasó meditando sobre lo que debía decir. De entrada, no conocía las conclusiones reales del informe; así que se consoló pensando que en realidad no mentía, que lo que iba a decir era más bien una media verdad. Se trataba solamente de omitir su irrelevante participación en las pruebas. Además, estaba su profundo respeto y agradecimiento hacia Sergei. Y por último, pero quizás lo más importante, no quería tener bajo su conciencia la muerte y desolación que un resultado positivo pudiera implicar para Níger.

Salió relajado de su entrevista, todo había ido bien. El director de la KGB estaba tan ocupado que no había sido demasiado insistente y su conciencia estaba tranquila.

Días más tarde supo que la solución diplomática había triunfado: los americanos hacían un gesto de distensión retirando sus misiles de Turquía y a cambio de ello, los soviéticos desmantelaban su armamento de Cuba y lo traían de vuelta a la URSS. Parecía que el haberse visto al borde del abismo hubiera traído un poco de cordura a los dos dirigentes mundiales. Incluso le habían llegado rumores de que habían instalado un “teléfono rojo” que les comunicaba en todo momento. A Yuri le gustaba pensar que él había puesto su pequeño grano de arena.

Como premio a su tarea, obtuvo un puesto de profesor en la Facultad de Física de Moscú. Su vida había mejorado en los últimos tres meses. Aunque en la URSS no existían en teoría privilegios, la realidad era un poco diferente. Su nueva posición le permitía acceder a algunas prebendas: televisión en su apartamento, un pequeño vehículo… 
Instituto de Ingeniería Física de Moscú


Una fría mañana de febrero, al salir de la Facultad, un coche negro se detuvo junto a él y dos hombres fornidos le invitaron a subir. Se trataba sin duda de agentes de la KGB y de nada valía preguntar.

Cuando fue conducido al despacho del General Semichastny, sus peores pesadillas se hicieron realidad. El general soviético tenía un aire severo cuando comenzó a explicarle que, la semana anterior, Sergei había pedido asilo político en Finlandia aprovechando una visita científica a Finlandia. Las investigaciones de la KGB habían demostrado que llevaba años cooperando con Occidente. Era un espía al servicio del Reino Unido.

Yuri intentó mantenerse frío pero se derrumbó cuando el General le contó que los americanos habían tomado posiciones en Níger, habían nombrado a Mahamadou Denna Ministro de Industria y Energía y además habían firmado un pacto para explotar unas minas de uranio.

No pudo seguir mintiendo y confesó lo que había ocurrido en su viaje. Se sentía atemorizado por las consecuencias de sus actos, pero le dolía todavía más haber sido traicionado de esta manera. Comprendió que todo formaba parte de una estrategia de Sergei: su elección como compañero en la misión, su exagerada defensa de las bondades del régimen comunista, la visita a casa de Mahamadou, la visión apocalíptica que éste les presentó, el aparente enfado entre ambos. Intuyó que fue en su último encuentro en el hotel antes de salir del aeropuerto cuando Sergei había entregado las anotaciones reales a su cómplice. Había picado el anzuelo como un inocente pececillo y ahora iba a pagar los platos rotos.

Gulag de Siberia
El General no podía apiadarse de Yuri. Había sido un traidor al no informar del comportamiento irregular de Sergei. Pero el jefe de la KGB pensaba que tan solo se trataba de un ingenuo joven que había sido obligado a jugar una partida para la que no estaba preparado. Además, a un hombre de su posición no le interesaba evidenciar que había sido engañado tan burdamente. La solución parecía sencilla: Yuri sería enviado a un Gulag en Siberia por disidente y rebelde, sin ninguna alusión al incidente de las minas de Níger. Así el General evitaba un enojoso ridículo en estos tiempos convulsos y Yuri se salvaba de un pelotón de fusilamiento.

Yuri tuvo que aceptar la propuesta. Pensó que lo tenía bien merecido; que se había dejado llevar por su inocencia. Una inocencia inducida.


VIDEO-RESUMEN de PatroJacobeO 2015

VERSIÓN CORTA (sólo con las fotos de mi cámara)


VERSIÓN LARGA (con las fotos de Emilio y las del grupo de wasap que fuisteis subiendo)